Cirugía de cataratas: síntomas, elección de lentes, recuperación y riesgos
Por Desk Wire | Artículo de servicioPublicado:

Las luces de los coches pueden resultar difíciles de tolerar antes de que leer la letra pequeña se vuelva imposible. Para una persona con cataratas, ese cambio puede importar tanto como el resultado de una prueba de agudeza visual. La operación suele plantearse cuando la visión dificulta la vida cotidiana, pero antes hay que determinar qué causa el problema y cuánto podría mejorar con la intervención.
Qué cambia en el ojo cuando aparece una catarata
Una catarata es la pérdida de transparencia del cristalino, la lente natural del ojo que ayuda a enfocar la luz sobre la retina. No es una película que crezca sobre la superficie ocular. El envejecimiento es una causa frecuente, aunque la diabetes, las lesiones oculares y el uso prolongado de corticoides también pueden aumentar el riesgo.
El Instituto Nacional del Ojo de Estados Unidos incluye entre los síntomas la visión borrosa, los colores apagados, el deslumbramiento, los halos alrededor de las luces y la dificultad para ver de noche. También pueden ser frecuentes los cambios de graduación. Estas molestias tienen otras posibles causas, por lo que no bastan por sí solas para confirmar una catarata.
Cuándo conviene hablar de una operación
Una mejor iluminación para leer o unas gafas actualizadas pueden ayudar mientras las molestias sean manejables, pero no eliminan la catarata. La cirugía es el tratamiento establecido para retirar el cristalino opaco. Aun así, el diagnóstico no implica una operación inmediata.
El Instituto Nacional para la Excelencia en la Salud y la Atención del Reino Unido aconseja valorar el efecto sobre la visión y la calidad de vida, no solo la agudeza visual. Explique si le cuesta leer, trabajar o conducir de noche. A veces también es necesario retirar la catarata para poder examinar o tratar la retina. El momento debe adaptarse a sus circunstancias y a la salud del ojo.
Qué se revisa antes de la intervención
El oftalmólogo examina el ojo, busca otras enfermedades y solicita mediciones para calcular la potencia de la lente que se implantará. Las enfermedades de la retina, el glaucoma u otros daños previos pueden limitar la mejoría que cabe esperar.
Lleve una lista de sus medicamentos y suplementos, e informe de operaciones oculares anteriores, diabetes y alergias. No suspenda un tratamiento prescrito por su cuenta. Pida instrucciones concretas sobre medicación, comida y bebida, porque la preparación depende de la anestesia y de su estado de salud. Organice el regreso a casa y la ayuda que pueda necesitar para ponerse las gotas.
Cómo se sustituye el cristalino opaco
En la técnica habitual, llamada facoemulsificación, el cirujano realiza una pequeña abertura en la córnea, fragmenta el cristalino opaco mediante ultrasonidos y extrae los restos por aspiración. Después suele colocar una lente intraocular artificial transparente dentro de la cápsula que queda del cristalino.
Conocer cómo se retira el cristalino y se coloca la nueva lente facilita la conversación sobre los preparativos y la recuperación. Habitualmente se emplea anestesia local mediante gotas, una inyección o ambas. La persona suele permanecer despierta y puede percibir luz o movimiento. La mayoría vuelve a casa ese mismo día.
La elección del implante merece una conversación aparte. Una lente monofocal enfoca a una distancia, por lo que pueden seguir haciendo falta gafas para otras tareas. Una lente tórica puede corregir el astigmatismo corneal. Las multifocales y las de profundidad de foco extendida ofrecen distintos rangos de visión, pero no son adecuadas para todo el mundo. La Academia Americana de Oftalmología señala que algunas opciones presentan contrapartidas, como halos, deslumbramiento o menor contraste. Ninguna lente garantiza prescindir de las gafas.
La recuperación continúa después del alta
Al principio puede haber visión borrosa, una ligera sensación de arenilla o sensibilidad a la luz. La mejoría puede comenzar en unos días, aunque la cicatrización y la estabilización tardan más. Siga la pauta de gotas y acuda a las revisiones, en lugar de juzgar la recuperación únicamente por la claridad de la visión.
Use un protector ocular si se lo indican. Evite frotarse el ojo, nadar y realizar esfuerzos hasta que el equipo autorice esas actividades, y respete sus instrucciones de higiene. No conduzca de regreso a casa. Retome la conducción solo cuando el profesional confirme que su visión es suficiente y cumpla los requisitos aplicables. Pregunte cuándo conviene actualizar la graduación de las gafas.
Riesgos y síntomas que no deben esperar
Entre las posibles complicaciones figuran infección, sangrado, inflamación, cambios de presión ocular, desprendimiento de retina y problemas con el implante. Puede ser necesario un tratamiento adicional, y las complicaciones graves pueden causar pérdida permanente de visión. El riesgo individual depende, en parte, del estado del ojo antes de operarlo.
La visión borrosa que aparece más adelante puede deberse a que se enturbia la cápsula situada detrás del implante, lo que se denomina opacificación de la cápsula posterior. No significa que la catarata original haya vuelto a crecer. Tras una evaluación, suele poder tratarse con láser.
Busque atención oftalmológica urgente si pierde visión o esta empeora de repente, tiene dolor intenso, aumenta el enrojecimiento, aparecen destellos nuevos, aumentan bruscamente las moscas volantes o ve una cortina oscura. No espere a la revisión programada.
Preguntas para llevar a la consulta
- ¿Qué parte de mi problema visual se debe a la catarata?
- ¿Qué mejoría es realista y qué podría limitarla?
- ¿Qué lente se adapta a mis actividades y cuándo seguiré necesitando gafas?
- ¿Cuáles son mis riesgos personales y las restricciones durante la recuperación?
- ¿Con quién debo contactar urgentemente si cambian los síntomas?
Esta guía ofrece información general para adultos. Consulte a un oftalmólogo para obtener un diagnóstico y tomar decisiones personales sobre el tratamiento.
